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El látigo del alma
El látigo del alma
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Autor Wilson Francisco
wilson153@gmail.com

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

Erika estuvo conmigo e hizo este relato de su experiencia de cura de la anorexia nerviosa. Además del mérito de la búsqueda y del merecimiento, ella aporta importantes informaciones sobre los caminos que recorrió.
“Tuve un historial de vida donde en la niñez, adolescencia y parte de la vida adulta, había violencia en el hogar, falta de diálogo y de afecto. Mi padre me ofendía y mi madre me reprimía. Mi baja autoestima fue creciendo conmigo. Poco a poco fui alejándome de ellos y perdiendo la confianza. Yo lloraba mucho y pasé a agredirme, también. Sin querer, inconscientemente, fui aprendiendo a odiarme. Yo no me gustaba, ni me gustaba mi cuerpo, y en la adolescencia me encontraba horrible, aunque era bonita”.

- Observad bien a los padres. Las actitudes que desarrollan con sus hijos son vistas como verdad absoluta. Y entonces tu hijo o tu hija asumirán una visión de sí mismos a partir de lo que oyen, tanto en casa como en la calle.
- A veces la gente y los padres consideran tonterías la actitud de una joven; observad lo que dice Claudete, una cliente:
- “A los 7 años yo tenía ya un cuerpo de mujer que llamaba la atención de los hombres e, inconscientemente, yo asociaba la idea de tener curvas y ser femenina con algo malo, y ser muy delgada era para mí una forma de no entrar en contacto con eso”.
El caso, explica Erika, es que a los 16 años empecé a hacer una dieta, porque consideraba que mi cuerpo no estaba adecuado y tendría que adelgazar. Bajé 20kg en algunos meses. Por raro que esto pueda parecer, llega un punto en que el alimento pasa a ser un cuerpo extraño, te olvidas de su sabor, pierdes las ganas de comer. Yo no me quedaba completamente sin comer, pero comía muy poco. Muchos caramelos y azúcar para engañar el hambre.
A los 18 años había terminado el segundo grado, estaba trabajando en un supermercado para tener mis ingresos; desde muy pronto yo quería marcharme de casa, porque no tenía libertad para ser yo misma en el seno de mi familia, era como si fuese una extraña en aquella casa.

El Universo responde
En aquella época, por casualidad, leí un artículo de periódico que hablaba sobre anorexia nerviosa y me identifiqué de inmediato. Yo ya estaba haciendo terapia en un puesto de salud. Cuando la situación se agravó, mi psicóloga consiguió, a través de un contacto personal suyo, una plaza en el Ambulim, Ambulatorio de Trastornos Alimentarios del Hospital de las Clínicas, donde fui acogida y estuve ingresada, lo cual me salvó la vida.

Facultad, encuentro con otros mundos
A los 22 años ingresé en la Universidad. Quería estudiar periodismo, pero, por casualidad, fui a estudiar Comunicación y Artes del Cuerpo, porque tenía vocación para las artes escénicas. Cuando entré en la facultad yo seguía un tratamiento en el HC, pero me alimentaba mal, estaba hecha un cisco. Me vestía mal y no tenía energía para las clases. Después de cierto tiempo, volví a alimentarme mejor y empecé a desenvolverme bien en el curso. La facultad para mí fue un período muy feliz de aprendizaje, autonomía, época en que tuve la oportunidad de entrar en contacto con otros mundos. El curso tenía muchas asignaturas que contenían prácticas de danza, expresión corporal, anatomía, las cuales me ayudaron a lidiar mejor con mi cuerpo, pese a que la alimentación aún no fuese la ideal. En ese curso había formación en Actuación, que es una manifestación artística que implica algunas experiencias con ritos.

El “Látigo del Alma”
Hacía una disciplina de Actuación, y una amiga me había contado su experiencia con Ayahuasca. Yo me di cuenta de que ese sería un camino para curarme de la anorexia. Sentía allá en lo más hondo que solamente lograría salir de aquel estado por medio de una gran sacudida que me estremeciese por dentro. La palabra Ayahuasca quiere decir “látigo del alma”. Ella ensancha la consciencia permitiendo que tú entres en contacto profundo contigo mismo.
- Comprendo lo que dice Erika. Elaboramos ideas, construimos corazas, máscaras, y casi siempre nos parece que “los otros” causan esto o aquello. Este latigazo que ella recibió va a abrir caminos, deshacer falsas ideas, en fin, despertar su Alma, atrincherada en el dolor y en el miedo y la trae para el mundo.
El Santo Daime es una doctrina oriunda de los extractores de caucho del Acre que consagra la Ayahuasca en sus ritos y mezcla elementos de la Doctrina Espírita con elementos de la Iglesia Católica, de la Umbanda y del Chamanismo. Los rituales consagran la bebida dentro de un rito que contiene música, a veces danza, el bailado y el canto; el trabajo dura el tiempo del himnario, que es como ellos llaman al himno con sus músicas. Mi profesor me llevó al ritual de Santo Daime, fueron muchos trabajos. Un proceso prolongado, de 2004 a 2011, participando en rituales en iglesias de Santo Daime, rituales que seguían la línea del Chamanismo y hacían uso de la bebida. La Infusión es una mezcla de dos plantas, liana y chacruna; su preparación consiste en lavado, maceración e infusión de esas plantas, durante horas.

La Entidad, Planta
Para mí es como si la planta fuese una entidad viva que se ingiere, y una vez ingerida, tienes que firmarte mucho en ti mismo para mantenerte en tu eje. Ella te permite entrar en contacto con tu propia naturaleza, tanto tus sombras y dificultades, como tus dones y talentos. Entré en contacto con mi propia muerte, me reblandecía, parecía que mi cuerpo iba a desintegrarse, como si no tuviese fuerzas para mantenerse de pie. Consideraba que iba a morir de veras. En ciertos momentos era como si se produjese una disolución del ego.

La resistencia de la Sombra
Pese a toda esa interferencia en mi psiquismo, pasado el efecto de la infusión yo aún no era capaz de alimentarme, eran idas y venidas, avances y retrocesos.
- Esta situación en ella se asemeja a lo que ocurre cuando la persona toma medicamentos, recibe un pase y después retrocede, pierde el efecto. Falta algo para complementar. ¿Sería la determinación de transformarse?

El final del trayecto
En 2010 empecé a acudir a la Puerta del Sol, local frecuentado por artistas. En uno de los trabajos, los Mentores Espirituales se acercaron a mí y dijeron que ya no podían ampararme más si yo no colaboraba y no empezaba a cuidarme.
- Cabe una reflexión: ¿Pierde Dios la paciencia? ¿Has estado alguna vez en situación de mirar a los lados y no ver una salida? Dios no desampara, ofrece oportunidades para que encuentres la luz al final del túnel. Ahora bien, por favor, ¡busca la luz!

El encuentro con la Madre Tierra. La decisión
En el ritual había un momento del himnario en que colocábamos la frente en el suelo y pedíamos perdón, misericordia, piedad y clemencia. Yo coloqué mi frente en el suelo y lloré copiosamente, pedí perdón a Dios y a la Tierra Sagrada por mi vida. Entré en contacto con una entidad oriunda de las profundidades de la Tierra. Ella parecía una Amazona y vino con extrema furia, muy enojada, diciendo que me había dado la vida, la belleza, la perfección, el alimento y yo no estaba dando valor a todo ello. Ese día, yo percibí una mirada muy perversa de una persona que no me apreciaba. Sentí un hormigueo en todo el lado derecho de mi cuerpo y oía voces que me decían que iban a matarme, que mi muerte era cuestión de tiempo, que estaba toda intoxicada, sentía como si tuviese varios insectos dentro de mi cuerpo. Ese hormigueo del cuerpo persistió durante meses. Llegué a tener un episodio de síndrome del pánico. Yo rezaba a Dios, pedía perdón por lo que yo había hecho de mí misma, y pedí una nueva oportunidad para recuperarme y llevar una nueva vida.

Sale de la Infusión y vuelve al médico
Decidí dejar de tomar la Ayahuasca. Fui al médico, y como no tenía convenio, conseguí que me atendieran en la Santa Casa. Acudí a un nutricionista privado y decidí cuidarme. Fui a la acupuntura y coloqué muy claro en mi cabeza que yo tenía que alimentarme normalmente y llegaría a tener el peso adecuado. Cada persona tiene un peso y una masa corporal ideal para vivir y yo iba a amarme y a aceptarme tal como soy.
Estuve todo el 2011 sin frecuentar los rituales, yendo a médicos, cuidándome, alimentándome, ganando peso poco a poco y haciendo acupuntura. A los 32 años, definitivamente me curé de la anorexia y pasé esa página de mi vida. Todavía hoy, a los 38 años, estoy aprendiendo a ser mujer, a amarme y a aceptarme.

- ¿Qué o quién curó la Anorexia? Digo: todo y todos. Erika recorrió varios caminos y fue descubriéndose. Tomó la infusión, pases, medicamentos. Hizo cursos, recibió acupuntura, dio con la cabeza en el suelo, ¡se internó en las sombras! Y finalmente, tomó la decisión, encontró la luz y deshizo en su mente la Anorexia.
- Mi gratitud, amiga, por la confesión. Tú hoy eres un camino, una verdad y una vida.


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