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Terminaste... ¿y ahora? ¿Vale la pena volver?
Terminaste... ¿y ahora? ¿Vale la pena volver?
:: Rosemeire Zago ::


Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

Tu relación terminó... El dolor es profundo y te sientes perdida, sin ganas de nada. Esperas un mensaje, una petición para volver. Continúas siguiendo su vida por las redes sociales, y vas percibiendo que él está cerca de todos, ¡menos de ti! ¡Y la añoranza aprieta!

Una voz te manda buscarlo, pasar por encima de tus resquemores y sentimientos, y en ese momento te acuerdas del pasado con lágrimas en los ojos, lo cual también puede ser miedo a creer en ti misma y a ser capaz de superar ese dolor. Negar lo que está sucediendo o lo que sientes, por miedo a sufrir más, no te ayudará en nada. Separarte no significa que ya no quede ninguna posibilidad de volver atrás y reconciliarse. Significa simplemente que por el momento la relación ha terminado y esta es la única certidumbre que tienes. Nada os impide volver, superando las dificultades, y sobre todo aprendiendo con cada una de ellas. ¡Pero ahora es hora de pensar!

La decisión y el acto de separarse siempre tiene muchos motivos, y ahora es el momento de recordar cada uno. Escribe cada uno de ellos y analízalos uno por uno. Si había disputas constantes, discordias, tristeza, traición, la separación ¿no debería ser vivida con una sensación de alivio? ¿Y si en lugar del alivio, existe la angustia, la opresión? ¿Indica esto que hubo una equivocación?
Aunque la relación no fuese como te gustaría, parece que ahora falta una parte de ti misma que se ha ido. Y cuanto más larga e íntima haya asido la relación, más intensa parece la falta que te hace. Después de una separación es muy corriente acordarnos mucho más de los momentos buenos y olvidar las causas que hicieron que la relación no más existiese.

No obstante, a menudo por carencia, soledad, miedo a estar solos, algunas personas piensan en una reconciliación, olvidando los motivos reales que las llevaron a adoptar tal actitud. Vivir en la esperanza y expectativa de volver, idealizando una relación que ya no existía, podrá causar más dolor. Por ello hay que tener cuidado con esos momentos de recaída, pues si vuelves sin analizar los motivos que hicieron terminar la relación, sin dejar que el tiempo te traiga la certeza de tu actitud, podrías, en corto espacio de tiempo, estar sufriendo todo aquello de nuevo. Es esencial vivir ese momento como una verdadera separación, y que todo el sufrimiento tenga alguna razón de ser, para poder aprender y asumir posibles cambios.

Los sentimientos que antes se podían disimular, ahora parecen quedar más expuestos, como nunca. La separación, de hecho, hace tanto daño, que en la escala de las causas de estrés viene inmediatamente después de la muerte de una persona significativa. Tanto esto es verdad, que cuando ese vínculo se rompe es necesario un trabajo interior, que requiere una enorme cantidad de energía psíquica para recuperar el equilibrio perdido, ya que psíquicamente pasamos por un período de duelo, tal como cuando perdemos a una persona querida por la muerte real. Por eso, si el dolor se te hace demasiado intenso, respeta tu duelo y permanece en soledad durante un tiempo, para cuidar de ti misma.

De hecho, muchos tienen la sensación de asistir a un entierro, sin flores ni acompañamientos, donde se está solo con su duelo. Algunas personas en ese momento necesitan estar con alguien que las escuche y acompañe en su dolor, pero casi siempre esa persona no se siente compañía demasiado agradable, evitando cualquier contacto con otras personas, para estar en libertad para llorar, llorar y llorar.
¡Muchas veces siquiera imaginaba que estaría tan mal y que sufriría tanto! Pero sí. Algunas personas miran fotos de momentos vividos juntos, leen cartas, mensajes intercambiados, continúan haciendo el seguimiento del otro en las redes; otras, sin embargo, rompen todo, quieren librarse de todo lo que les haga recordar el pasado, a fin de cuentas, ciertos objetos, fotos, son terribles testimonios de lo que se desea olvidar. ¿Qué es lo ideal? ¿Guardar y revisar todo lo hecho juntos, o librarse de todo lo más rápidamente posible? Haz lo que te haga sufrir menos. Es corriente, en los días siguientes a la separación, mirar fotos, releer mensajes y todo lo que pueda garantizar que de hecho ha existido, pero prolongar ese período puede traer mucho más dolor. En caso de que sientas todavía mucha tristeza por lo que ocurrió, lo más indicado es dejar de atender a lo que hace el otro por las redes sociales, depositar todo lo suyo en una caja y dejarla guardada hasta sentirte más fuerte para decidir qué hacer con todo eso. Retira todo lo que te haga recordar ese pasado tan reciente.

La culpa también es otro sentimiento que puede hacernos desear volver, para hacer lo que no hicimos. Algunas personas tienden a asumir toda la carga de responsabilidad como suya, debido al sentimiento de inferioridad o baja autoestima, y su sentimiento es de no haber sido capaz de mantener la relación; otras tienden a lo contrario, no responsabilizándose por nada de lo que ocurrió. No siempre buscar culpables es el mejor camino, es mejor comprender lo que sucedió, evitando señalar con el dedo a quien quiera que fuese. Hicieron falta dos personas para empezar la relación y también para terminarla. Pero no te dejes aplastar por condenaciones y culpas, seguramente cada uno ha hecho lo mejor que ha podido.

Tener una visión clara de lo que ocurrió no se logra de inmediato, y poder comprender las primeras reacciones emocionales llevará algún tiempo. No es posible determinar cuánto, pues cada persona reacciona de modo diferente, principalmente debido a su historial de vida. Personas que de pequeños vivieron la experiencia del abandono, ciertamente encontrarán más dificultades para enfrentarse a este momento, pues el abandono de la niñez vendrá a sumarse al actual, pudiendo hacerlas revivir este último con más intensidad y sufrimiento. Por otra parte, aquellas que vivieron una niñez con afecto, sin pérdidas, tendrán más recursos para enfrentarse a la separación. Sean cuales fueren tus sentimientos en este momento, trata de ser comprensiva contigo misma, como lo harías con alguien que te pidiese consuelo. Date a ti misma cariño, atención, escucha cada uno de tus sentimientos, sin despreciarlos ni ignorarlos, para que poco a poco empieces a elaborar esos sentimientos y a obtener condiciones internas para reconstruir todo lo que ha sido destruido.

Y en este momento yo te pregunto: ¿qué es lo que has estado haciendo por ti? Independientemente del tiempo en que estuvísteis juntos, tú tenías una vida antes de conocerlo. ¿Qué tal empezar a hacer cosas que ya no hacías, comer todo aquello que has dejado de comer porque al otro no le gustaba, ver a amigos que hace años no ves, ir a lugares a donde has dejado de ir, en fin, hacerlo todo de modo diferente? ¿O también empezar aquellos estudios o aquel curso de danza que has estado aplazando?

Piensa en cuántas cosas has dejado de hacer, piensa en cómo puede ser positivo tener tu libertad de vuelta, cuántas cosas podrás realizar, a las cuales de alguna forma habías renunciado. Y en los momentos de tristeza profunda, si lo deseas, escribe todo lo que sientes para poder echarlo fuera, llora cuanto quieras, pero ten la seguridad de que todo ese dolor va a pasar, y aunque reste alguna cicatriz, ésta es necesaria para recordar cuánto has sido capaz de superar y aprender. Y sólo después de estar bien contigo misma, sentirás aquellos deseos inmensos de vivir, pero con alguien que te valore por todo lo que tú eres. Con toda seguridad, amor no es sinónimo de sufrimiento, lágrimas, tristeza, soledad y egoísmo. Amor es sobre todo transparencia, intercambio, crecimiento; y si no era así, puede que aquello a que llamabas amor sólo lo era de nombre, porque tú no sabías lo que es ser amada de verdad, cosa que podrás descubrir cuando encuentres a alguien que en vez de hacerte llorar y sufrir, te haga sonreír ¡y ser simplemente feliz! Y ¿qué te parece tener esa relación contigo misma en este momento?


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Rosemeire Zago psicóloga clínica CRP 06/36.933-0, com abordagem junguiana e especialização em Psicossomática. Estudiosa de Alice Miller e Jung, aprofundou-se no ensaio: `A Psicologia do Arquétipo da Criança Interior´ – 1940.
A base de seu trabalho no atendimento individual de adultos é o resgate da autoestima e amor-próprio, com experiência no processo de reencontrar e cuidar da criança que foi vítima de abuso físico, psicológico e/ou sexual, e ainda hoje contamina a vida do adulto com suas dores.
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Email: r.zago@uol.com.br


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