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Japón – una nación en regeneración
Japón – una nación en regeneración
:: Sergio Scabia ::


Es imposible dejar de escribir sobre la enorme tragedia que está ocurriendo en Japón, este país de tradición y cultura milenarias, con su pueblo amante del orden, respetuoso, educado, obcecado por el trabajo, por la productividad, por la calidad, ejemplo para todo el mundo de prosperidad a partir del trabajo, de la transformación inteligente de materias-primas importadas del exterior. Tierra de templos magníficos, de paisajes portentosos, de los trenes de alta velocidad, de la tecnología puntera, con un gobierno serio, con bajos niveles de corrupción y criminalidad…
Desde aquí solamente podemos solidarizarnos, hermanarnos y rezar, enviar Luz y energías positivas. Es doloroso ver por televisión a esas personas de pie con niños en brazos, a la intemperie, sin agua, sin energía eléctrica, con temperaturas cercanas a los cero grados. Quizá no todos sepan que la inmigración nipona en nuestro acogedor país cuenta con millón y medio de descendientes totalmente integrados en la vida del Brasil, indudablemente la mayor colonia del Sol Naciente en toda la redondez del planeta.

Con todo, sabemos que nada sucede por casualidad, que la Mente Universal es perfecta, que aplica con justicia implacable la ley del karma, quizá incluso del karma colectivo…
Sabemos que la Naturaleza engloba los cuatro reinos y dispone de increíble poder, manifestado por los cuatro elementos, que han puesto en acción su furia inmensa, proporcionando a los que se creen todopoderosos, como si aún fuese necesario, otro aviso más; en este punto, casi un ultimátum.
Hemos llegado al límite.
La Tierra literalmente ha echado el resto. Las imágenes, con increíble clareza, exhibieron a todo el mundo el terremoto, el maremoto, el fuego de las explosiones de las centrales nucleares. Esas imágenes ponen de manifiesto la fragilidad del ser humano y de sus creaciones, las mentiras balbuceadas frente a los micrófonos de televisión por humanos en estado de shock, esperando, deseando ahora que el cuarto elemento, el aire, con sus vientos favorables, encamine hacia el mar la muerte invisible, las nubes radiactivas que los fallos en los reactores esparcieron sobre el nordeste de la isla. Los cuatro elementos tenían su objetivo bien definido y lo golpearon sin piedad.

¿Es difícil interpretar el mensaje?
Quizá – incluso después de Hiroshima y Nagasaki, dos páginas negras de la Historia de la Humanidad –, las empresas locales, sedientas de energía eléctrica, todavía sigan confiando en la actualizada tecnología nuclear, totalmente segura, según quienes construyen las centrales, silenciosamente mortal cuando se producen fallos.

Pienso que podría tratarse de algo así:
- ¡Es suficiente! ¡Basta! Fuera con la energía nuclear.
- Empleemos la energía solar en todas sus formas. (El fuego en acción).
- Implementemos la energía eólica (el viento – aire) en acción.
- Utilicemos las turbinas a vapor movidas por biomasa (la tierra) en acción.
- Aprovechemos las energías de las olas y de las mareas (el agua en acción).
Y aún queda la opción de andar más a pie o en bicicleta…

Sé bien que nadie puede juzgar, pero hemos de buscar las causas mucho más allá de la apariencia de la mera casualidad; descubrir el por qué de tanto dolor y destrucción, procurar capitalizar la información obtenida, cambiar de rumbo, de valores, de costumbres, de conceptos, de sentimientos, de fuentes de energía y hasta de alimentos.

Quizá la sociedad japonesa haya olvidado un poco sus valores esenciales, se haya endurecido, se haya hecho demasiado egoísta, demasiado separatista, olvidándose incluso de sus emigrantes e hijos, los cuales, habiendo dejado el Brasil para buscar trabajo en la tierra de sus abuelos, solo consiguen trabajos pesados, vivir en lugares alejados y estar considerados por los nativos como ciudadanos de segunda categoría…

Pecado contra la Unidad
Quizá las personas se hayan vuelto materialistas en demasía, viviendo una vida superficial, vacía, corriendo desesperadamente detrás de maya – la ilusión – olvidándose de la transitoriedad del paso por el planeta y de que todos tenemos una misión a desempeñar, única y especial.
O puede que hayan olvidado la exclusión, la desigualdad de las clases sociales y los demás comportamientos y situaciones – como la de no conseguir entrar en la facultad – que pueden crear desesperación y depresión, originando como resultado tasas de suicidio que alarman por su magnitud y regularidad, ya que en los últimos años se mantienen en torno a los 30.000 casos/año, próximas a la tasa de homicidios en el Brasil, si comparamos la diferencia en el número de habitantes.

Y algo nos ha impactado fuertemente cuando las imágenes mostraron los barcos de pesca y una infinidad de otros barcos en medio de los destrozos, a kilómetros de la costa, arrojados allí como si una mano gigantesca los hubiese capturado y retirado definitivamente de su siniestra y sangrienta misión.
¿Mera casualidad también? Quizá no se hayan dado cuenta de lo mucho que han herido y están hiriendo al mar y a sus criaturas, al cazar sin descanso, desde el océano Ártico hasta el Antártico, a las inofensivas y majestuosas ballenas, alegando la necesidad de llevar a cabo investigaciones científicas sobre esos cetáceos…

Pecado contra la Naturaleza

Y los Guías me recuerdan además, que aún están vivos muchos seres, en China y Corea, que fueron testigos de las atrocidades perpetradas por las tropas de ocupación japonesas contra la población civil, niños incluidos.
Y este sería el pecado mayor, esta vez contra la Humanidad.

El punto es probablemente el siguiente: cuánto mayor es el drama, el desastre – desgraciadamente – mayor será el aprendizaje. El rescate de lo que se ha cometido es líquido y cierto. No hay olvido, pues necesitamos pasar de fase, evolucionar, crecer como seres humanos.
Es el cuento de la sembradura. ¿Has sembrado vientos? Cosecharás tempestades.
Si se ha sembrado amor, volverá bienaventuranza, alegría, felicidad para todos los implicados. Se habrá, entonces, pasado de fase y surgirán nuevos desafíos para superar, siempre empleando la mágica varita: el Amor Incondicional.

Agradezco aquí a los queridos y pacientes Guías y asimismo a toda la pandilla que permite que este Sitio exista: Rodolfo, Sandra, Teresa, Marcos, Anderson, Lidiane… ¡y Tú!
Namaste (El Dios que habita en mí saluda al Dios que existe en Ti).
Sergio - STUM

Sergio Scabia co-fundador
do Site Somos Todos UM


Email: sergio@somostodosum.com.br


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